Me acerqué a su burbuja, su “pecera”, hace algo más de un año, en mayo de 2021, en plena pandemia, cuando todavía usábamos mascarilla tanto en interior como en la calle, y guardábamos distancia de seguridad. Me presenté como la ganadora del concurso de relatos y me acogió con el abrazo cauteloso que imponían las circunstancias, pero supo trasmitirme toda su cordialidad y su llaneza de ánimo. Me enganchó.
Desde entonces, en apenas año y medio, descontando los períodos vacacionales, en los que ofrece también las correspondientes comidas de fraternidad y despedida, he asistido a conferencias, (la radiactividad, los superalimentos o los recursos de la neurociencia para aprender a ser feliz). clases, visitas turísticas a la propia capital, salidas a lugares próximos y remotos, actividades que no sé cómo, no deja de organizar.
Actualmente, lo mismo ofrece distracción y aprendizaje con clases a quien se interesa por la música, como a quien le gusta el cine, el arte, la historia o la tecnología de comunicaciones, a la vez que alimenta la afición la literatura con un club de lectura, y aún admitiría más sugerencias para expandir la actividad docente. Y he dicho distracción a propósito, porque el ambiente de distensión y aprendizaje van de la mano en todas las clases, en las que tanto el profesor como los alumnos disfrutamos de un tiempo que se nos pasa volando.
A todo lo citado no he acudido personalmente, porque mi agenda no tiene cabida para tanto acto, viaje, clase, conferencia…si yo misma soy parte de ese programa, con mis clases a los compañeros. Yo les ayudo a desenvolverse con seguridad ante sus ordenadores y sus teléfonos inteligentes, y les quito la espinita que la sociedad (así, genérica) les ha clavado, con la idea de que son demasiado mayores para aspirar a desenvolverse en ese mundo tecnológico que les ha dejado atrás. Cada clase es una delicia de convivencia, y el buen humor es la norma.
Sí, porque tanto ellos como yo, somos mayores, de los que ahora eufemísticamente hablando pertenecemos a ”la tercera edad”. Fuimos nosotros los convocados a concurso en ese certamen de relatos breves que lleva el nombre de la presidenta que la precedió, Rosa Lasso, y hace algunos años nos dejó para siempre. En homenaje suyo se inició esa nueva actividad, y en homenaje suyo su sucesora lleva el relevo de gestión de esa agenda apretada y diversa de eventos y propuestas culturales, de las que informa siempre con la suficiente antelación a todos los posibles interesados con estimulantes comunicaciones.
Si uno visita la web correspondiente, que al final de este escrito añadiré en un enlace, y busca en el epígrafe VIAJES, verá que la sucesión y variedad es larga, desde 2015 hasta hoy, y eso que en la última temporada faltan por reseñar los últimos, a los que yo misma me uní (León, Úbeda y Baeza), pero lo mismo sucede con EVENTOS, donde se refleja sólo parte de las actividades, sobre todo las conferencias. Me pregunto si esta falta de publicidad de todo lo que sucede en el seno de este grupo no será causa de que la afluencia a sucesivos encuentros sea menor de la esperada en ocasiones.
En los peores tiempos de la pandemia, el grupo, y sobre todo su presidenta, hubo de despedir tristemente a compañeros, víctimas del azote vírico, y todavía hoy se duele con profunda pena cuando alguno se va en silencio o comunica que su despedida es inevitable. Su afecto abarca con elasticidad a todos los que la seguimos, y se ensancha cuando en sus iniciativas coincidimos más asistentes de los que solemos. Y ensancharse es su objetivo, atraer a cuantos más asistentes pueda. Y no sé cómo lo hace.
Tal vez esa gestión de agenda, de contactos, que lenta, pero incesantemente, se estira, se llena, se ramifica, se expande, sea la secuela que le dejaron sus años de experiencia como directora de un Centro educativo, un Colegio que, por constituir una cooperativa, tenía unas características especiales, que exigían un talante particularmente dialogante, negociador, basado en los acuerdos de consenso…o tal vez es que ella es así, por carácter, no lo sé.
Lo que sé es que, con escasos recursos, y confiando sólo en el atractivo de las actividades (que en caso de suponer algún coste comprometen a los asistentes, porque la entidad que nos acoge no los sufraga todos, salvo casos especiales, y sólo en parte), ella consigue mantener ese repertorio diverso y continúa buscando más, más, más.
¿Por qué hace todo esto? La respuesta es fácil: ama la cultura, el aprendizaje, el conocimiento, como forma de vida, como forma de salud, de bienestar. Ella quiere que la edad de los participantes no sea obstáculo para disfrutar de una calidad de vida intelectual, cultural. Y vela por el bienestar de sus colegiados. ¿colegiados? Sí, hasta ahora no lo había dicho, pero estoy describiendo el clima de fraternidad y compañerismo que empuja a los asistentes a participar en todas las propuestas de MERCEDES DUBOIS GOULARD como presidenta de la sección de “Colegiados de Honor” del Colegio de Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Madrid, el CDL, para los habituales.
Pueden constatar todo lo dicho en la página web del Colegio, sección de Colegiados de Honor:
18/09/2022



